13 Principios de Fe

B"H

1. Yo creo con plena fe que el Creador, Bendito Es Su Nombre, crea y guía a todas las criaturas, y que sólo el hizo, hace y hará todas las cosas.

Este primer principio consiste en creer en la existencia de D-s. Es decir: que existe un Ser, perfecto en todo aspecto posible, que es la causa de todo lo existente. Todo lo existente proviene y depende de Él. Es inconcebible su inexistencia, ya que si Él no existiera, todo lo que existe dejaría de existir y no quedaría nada. En cambio, si nada existiera, es decir: si todo lo que existe dejará de existir, Él seguiría existiendo y Su existencia no sería afectada en absoluto. Él es autosuficiente y no precisa para nada de ningún otro ser. Por el contrario, todo lo demás: ángeles, planetas y lo que en ellos existe, dependen de Él Bendito Es para poder existir. Este primer principio, corresponde al primero de los diez mandamientos: Yo soy el Eterno tu D-s” (Shemot 20.2).

2. Yo creo con plena fe que el Creador, Bendito Es Su Nombre, es Único, con una unicidad como no existe otra en absoluto. Y sólo Él es nuestro Dios lo fue, lo es y lo será.

Este segundo principio trata de la unidad de D-s. Es decir, que hemos de creer que este Ser, que es la Causa de todo lo que existe, es Uno. Él no es uno como un miembro de un par o de una especie; tampoco es uno como un objeto único, que se puede dividir en varios elementos; ni tampoco es uno como el objeto físico más elemental que es posible dividir hasta el infinito. D-s es uno en forma única. No existe otra unidad como la Suya. Este segundo principio lo enseña la Torá con las palabras: “Escucha Israel, el Eterno es nuestro D-s, el Eterno es Uno y Único” (Devarim 6.4).

3. Yo creo con plena fe que el Creador, Bendito Sea Su Nombre, no es corpóreo, nada de lo que le acontece a la materia puede ocurrirle a Él y no existe nada que se le Le asemeje.

El tercer principio es que D-s es totalmente inmaterial. Esto consiste en creer que esta Unidad, que llamamos D-s, no es un cuerpo ni una fuerza física. Ningún fenómeno que le acontezca a lo físico puede acontecerle a D-s de ningún modo. Por tanto, no podemos decir que D-s se mueve, que está quieto o que reside en un lugar determinado. Estos fenómenos no forman parte de Su esencia ni puede acontecerle. Es por ello que nuestros sabios nos enseñan que conceptos tales como la combinación o la separación son inaplicables a Él. El Talmud dice: “No hay allí arriba ni posición sentado, ni de pie, ni combinación, ni separación” (Jaguigá, 15). El profeta dice: “¿A quién Me comparareis, a quién Me asemejo, dice el Santo?” (Yeshayahu 40.25). Si D-s fuera un ser físico -D-s libre-, entonces se asemejaría a otros cuerpos físicos. Es cierto que en varios lugares de las Sagradas Escrituras se habla de D-s en términos físicos: marchar, tenerse de pie, estar sentado, hablar y expresiones similares. Pero es solamente en sentido figurado. Nuestros sabios hablaron ampliamente sobre este tema y así dicen en el Talmud: "La Torá se expreso en el lenguaje de los humanos" (Berajot, 31b). La Bendita Torá nos enseña el tercer principio en el verso que dice: “No habeis visto ninguna figura” (Devarim 4.15). Es decir, D-s no es concebido como un poseedor de una imagen ya que Él no es un ser físico ni una forma física.

4. Yo creo con plena fe que el Creador, Bendito Sea Su Nombre, es el Primero y el Último.

El cuarto principio concierne a la eternidad de D-s. Consiste en creer que el Ser Único, que llamamos D-s, es anterior a todo lo que existe de modo absoluto. Todo lo demás que existe es posterior a Él. El versículo de la Bendita Torá que apoya este principio dice: “La morada del D-s Eterno” (Devarim 33.27).

5. Yo creo con plena fe que el Creador, Bendito Sea Su Nombre, es al Único digno de rezar y a nadie más.

El quinto principio nos enseña que D-s es al único digno de servir, alabar, contar su grandeza y obedecer Sus mandamientos. No podemos actuar de este modo con respecto a nada de lo que está debajo de Él, sea un ángel, una estrella, uno de los elementos básicos de la naturaleza o una de sus combinaciones, ya que todos actúan según para lo que fueron predeterminados y no tienen autoridad, ni libre albedrío. Solamente D-s posee estos atributos. Tampoco se le puede utilizar como intermediarios para acercarnos a D-s. Todos nuestros pensamientos han de dirigirse únicamente hacia Él y todo lo demás no hemos de tomarlo en consideración. Este quinto principio constituye la prohibición de idolatría y gran parte de la Torá previene en su contra.

6. Yo creo con plena fe que todas la palabras de los profetas que el Creador -Bendito Sea Su Nombre- envía son ciertas.

El sexto principio concierne a la profecía. Hemos de saber que entre los seres humanos existen personas dotadas de cualidades muy elevadas y que alcanzan una gran perfección. Sus almas están capacitadas para alcanzar la forma más pura del intelecto humano. Este intelecto humano se une entonces al Intelecto Divino y recibe de él una emanación. Esta es la profecía y los que la alcanzan son los llamados profetas. Esta es la idea de la profecía. Una explicación completa y precisa requeriría alargar mucho más sobre el tema y nuestro propósito no es traer pruebas sobre cada principio, ni explicar el medio de obtención de la profecía. Son numerosos los versículos de la Torá que testifican la profecía de muchos profetas.

7. Yo creo con plena fe que la profecía de Moshé Rabenu, es absolutamente cierta, y que el ha sido el más grande de los profetas, tanto anteriores como posteriores a él.

El séptimo principio se refiere a la profecía de Moshé. Hemos de creer que él es el 'padre' de todos los profetas, ya que todo profeta que le precedió o que le sucedió no logró un nivel profético como el que obtuvo Moshé. Moshé alcanzó el nivel más elevado de profecía de toda la humanidad y llegó a un grado de conocimiento de D-s superior, al alcanzado por cualquier otro hombre que haya existido o que existirá. Su elevación fue tan grande que llegó al grado de los ángeles. No le quedó ninguna barrera por rebasar. Nada físico le retenía. Ninguna deficiencia le allegó, ni grande, ni pequeña. Su imaginación y sus sentidos cesaban de actuar durante sus percepciones, de modo que su espíritu consciente quedaba completamente puro, desatado de toda pasión o deseo. Es por ello que la Torá dice acerca de él que hablaba con D-s sin necesidad de un ángel como intermediario.

8. Yo creo con plena fe que toda la Bendita Torá que se encuentra en nuestras manos es la misma que recibió Moshé, nuestro maestro.

El octavo principio es que la Torá proviene del cielo. Hemos de creer que la Torá que nos fue entregada por mediación de Moshé, proviene en su totalidad de boca del Todopoderoso. La Torá fue transmitida a Moshé por D-s por medio de lo que metafóricamente llamamos “palabras”. En realidad, nadie -a excepción de Moshé- sabe exactamente de qué modo le fue transmitida. Pero, de cualquier modo, sabemos que actuó como un secretario que escribe lo que le dictan. Es así que escribió los acontecimientos históricos y narraciones que figuran en la Biblia, así como los mandamientos. Es por ello que a Moshé se le llama “escribano”. Todos los versículos provienen de la boca de D-s. Aquel que dice que ciertos versículos o narraciones han sido escritos por Moshé por su propia iniciativa, es considerado por nuestros profetas y nuestros sabios como un incrédulo y un pervertidor de la Torá de máxima categoría. Tal persona pertenece a la categoría de aquellos que dicen: “la Torá no procede del cielo”. Nuestros sabios enseñan que esta categoría incluye también al que dice: “toda la Torá proviene de D-s a excepción de un sólo versículo que fue introducido por Moshé”. La Bendita Torá dice al respecto: “Porque la palabra de D-s ha despreciado” (Vayikrá 15.31). Toda la Torá es de procedencia divina, y la sabiduría contenida en ella es de una profundidad insondable. Este principio esta en la Bendita Torá como sigue: “Y dijo Moshé: con esto sabréis que D-s me ha enviado para hacer todas estas cosas, y que no las he inventado en mi corazón” (Vayikrá 16.28).

9. Yo creo con plena fe que la Torá nunca será cambiada y que ninguna otra será jamás entregada por el Creador, Bendito Sea.

El noveno principio trata de la permanencia de la Bendita Torá. La Torá de Moshé proviene únicamente de D-s y a ella no se le puede añadir, ni quitar nada, tanto de la Torá escrita como de la Torá oral. La Bendita Torá dice al respecto: “No añadiréis a ello, ni quitaréis nada” (Devarim 13.1).

10. Yo creo con plena fe que el Creador, Bendito Sea Su Nombre,conoce todos los actos y todos los pensamientos del hombre, como esta dicho: “El que forma los corazones, el que conoce todas sus acciones” (Tehilim 33.15).

El décimo principio nos enseña que D-s sabe todo lo que hacen los hombres, y que nunca aparta su mirada de ellos. No como la opinión de aquellos que dicen: “D-s ha abandonado el mundo” (Yejezquel 9.9). Este principio lo afirma el profeta, cuando dice que D-s es Grande en consejos y soberano en la ejecución, que Tus ojos están abiertos sobre todas las vías de los humanos” (Yirmiyahu 32.19). Asimismo, dice la Torá: “Y D-s vió que era grande la maldad del hombre en la tierra” (Bereshit 6.5).

11. Yo creo con plena fe que el Creador, Bendito Sea Su Nombre, recompensa a quienes observan Sus mandamientos, y castiga a aquellos que los transgreden.

El onceavo principio afirma que D-s recompensa a quien obedece los preceptos de la Torá, y castiga a aquel que transgrede sus prohibiciones. La recompensa más grande es el Mundo Venidero, y el castigo más duro es ser sustraído del mismo. La Bendita Torá nos enseña este principio en los versículos siguientes: Moshé había dicho a D-s: “Y ahora, si perdonares su pecado, está bien, mas sino borrame a mí, te lo ruego, de Tu libro que has escrito” (Shemot 32.32), a lo que D-s respondió: “Al que haya pecado contra Mí, a esé borraré de Mi libro” (Shemot 32.33). Esto muestra que D-s sabe quién Le obedece y quién es el que peca, para recompensar al primero y castigar al segundo.

12. Yo creo con plena fe en la llegada del Mashiáj, y aunque se retrase, esperaré su llegada cada día.

El duodécimo principio se refiere a la era mesiánica. Este principio consiste en creer y estar convencido realmente de que el Mashiáj llegará. No debemos pensar que se va a retrasar, ya que "aunque tarde, espéralo". No hemos de fijar un tiempo para su llegada, ni tratar de deducir de los versículos de la Biblia la fechas de su llegada. Nuestros sabios dicen: “Que salga el espíritu de aquellos que calculan el fin de los tiempos”. Hemos de creer que su honor y grandeza serán superiores, a los de todos los reyes que ha habido en la historia. Esto ha sido predicho por todos los profetas, desde Moshé hasta Malají. Aquél que duda sobre esto o que minimiza la categoría del Mashiáj, reniega de la propia Torá ya que está lo mencionó en la parashá Balak y la de Nitsavim. Este principio incluye también la creencia, que un rey de Israel no puede descender más que de la dinastía de David y de su hijo Shelomó. Aquel que rechace esta dinastía reniega de D-s y de Sus profetas.

13. Yo creo con plena fe que se realizará la resurrección de los muertos, en el momento que lo requiera el Creador, que su Nombre Sea Bendito.

Este décimo tercer principio concierne a la resurrección de los muertos. Esto es que los muertos resucitarán, no se trata de un lenguaje metafórico o alegórico, sino que se refiere a lo que se entiende literalmente.

Conclusión

Cuando el hombre sepa todos estos principios y crea en ellos con fe sincera, entonces y sólo entonces se considera parte de la congregación de Israel y es un precepto amarlo, apiadarse de él y el resto de las cosas que nos encomendó D-s, los unos para los otros en todo lo que respecta a la fraternidad y amor al prójimo. Y a pesar de que haya transgredido cualquiera de los preceptos de la Torá -D-s nos libre-, impulsado por sus pasiones o que haya sido presa del mal instinto, recibirá la pena acorde don sus actos, empero, igualmente tiene parte en el mundo venidero, no obstante es considerado entre los rebeldes del pueblo de Israel. Pero si renegare de uno de estos trece fundamentos, he aquí que se auto-excluye de la congregación de Israel, y reniega de la totalidad del judaísmo.

Fuente: Rabí Moshé Ben Maimón (Maimónides). Hakdamá Perek Jelek. Capítulo 8.

2 comentarios:

  1. Gracias por estas guias para recordar y nunca olvidar quien es el Eterno. Shalom Comunidad Noajida Breslev

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  2. B"H. Gracias a HaShem. Reciba bendiciones buenas y dulces siempre. Atte. Yehoshua

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